DOMINGO XXV Tiempo Ordinario

20 de septiembre de 2020


Introducción


Buscar es un verbo muy usado en nuestra vida ordinaria y más quienes acostumbramos a usar los medios digitales, buscamos recetas para preparar platillos, buscamos tutoriales para el uso de los recursos virtuales, buscamos aplicaciones que nos ayuden en nuestras tareas cotidianas etc… y en tanta búsqueda, ¿DEJAS ESPACIO Y TIEMPO PARA BUSCAR A DIOS? La llamada del profeta Isaías se confronta con la sordera y desinterés de la mayoría. La búsqueda de Dios parece no ser algo deseado en la cultura actual.

¿Cuáles son nuestros planes? ¿Cuáles son los planes del Señor? San Pablo nos exhorta a vivir una vida en Cristo, a descubrir la ganancia del Evangelio, pero en tiempos actuales quizá vale la pena preguntarnos ¿qué interés puede tener seguir a Jesucristo ahora? Para quienes hemos decidido seguirle si estamos realmente apasionados y agradecidos con ese regalo de la fe.

EL DIOS QUE TE BUSCA Y EL DIOS QUE SE DEJA ENCONTRAR


El profeta Isaías en esta primera lectura trata de levantar el ánimo del pueblo, es la llamada materna para buscar a Dios en nuestras vidas cotidianas, ya que es un Dios que actúa con amor y misericordia, es un Dios que sale siempre en la búsqueda de la oveja perdida, del hijo que toma otros senderos. El profeta se presenta de manera escandalosa para sus contemporáneos ya que estos piensan que Dios es terrible, alejado y justiciero. Por esto el profeta exhorta a buscar al Señor para salir de la situación de opresión en el destierro. Un nuevo éxodo, una nueva liberación, un salir constantemente de las zanjas que hacemos por sentirnos cómodos o seguros. El profeta pone de manifiesto el proyecto salvífico de Dios por el que nunca se han fascinado verdaderamente los hombres. Es como si desearan, algunos, que Dios siguiera siendo duro e imposible de comprender. Pero el profeta expresa todo lo contrario y todos estamos llamados a buscarlo y también dejarnos encontrar por el Dios que sale al encuentro de nosotros. Dios no huye, si se esconde en ocasiones, para que nosotros podamos estar en constante búsqueda.

VIDA EN CRISTO, VICTORIA SOBRE LA MUERTE


San Pablo pasa por diversas adversidades y la está pasando mal, seguramente que ha estado frente a las puertas de la muerte, prisionero, perseguido, maltratado, golpeado, desde esto habla y da a conocer lo que para él significa la vida en Cristo, estar con Cristo, orar con Cristo. Pablo ha tenido una experiencia de la presencia salvífica de Cristo tan profunda, que ya no le teme a la muerte. Su experiencia lo lleva a una dimensión tan personal frente a la muerte que pasa de largo esa imagen o idea negativa de la muerte. Podemos interpretar que Pablo no espera un fin del mundo, como en otros momentos de sus cartas. Sabe que la muerte se aproxima, que puede hacerse presente en cualquier momento. Es como si quisiera firmar, en realidad lo expresa rotundamente, que no le teme a la muerte porque tiene la confianza de Cristo, su Señor. Ha tenido y tiene la experiencia de lo que es vivir en Cristo y la muerte le abre una puerta a la vida que nadie le podrá arrebatar.

EL MISTERIO DEL AMOR EN LA SALVACIÓN


En esta parábola de los obreros de la viña se nos pone de manifiesto que la salvación ofrecida a todos los hombres no está limitada por las horas, por el tiempo, por el trabajo realizado, mucho menos por nuestras acciones o comportamientos, por tanto, el misterio de salvación no funciona bajo criterios de este mundo. No sería lógico que hiciéramos una comparación entre la justicia estricta que usa con los llamados a la primera hora y la misericordia o la generosidad que aplica con los últimos, pero es ahí donde está el centro del escándalo, de lo contracultural: así no se pensaba en tiempos de Jesús, ni ahora tampoco. Se piensa que es una parábola que se pronuncia a causa de las críticas de los fariseos, religiosos de toda la vida, que al final reciben lo mismo que los otros. Podría pensarse que un gran agricultor, en tiempos de cosecha, tenía necesidad de jornaleros hasta última hora para dar salida a la uva y paga bien. Pero no es eso lo que cuenta; lo que se impone es que el dueño de la viña también es generoso con los últimos que ha podido contratar. En realidad, no parece que la narración exija contratar hasta última hora; es un plus que se permite el dueño de la viña, y ahí es donde se cargan las tintas. Así funciona el Reino, no el mundo, y así se hace justicia de una forma absolutamente distinta a la de cualquier otra institución. Por ello, cuando echamos mano de esta parábola para iluminar teológicamente la justicia social y la productividad, no cometemos un error, pero tampoco es lo más acertado en la lectura e interpretación de la misma.

Para entender mejor la parábola, hay que tener en cuenta que el trabajo “de sol a sol” eran doce horas, que se dividían habitualmente de tres en tres. Supongamos que de 6 de la mañana a 6 de la tarde. Los primeros jornaleros fueron contratados a las 6 de la mañana, y los últimos, a las 5 de la tarde, la undécima hora. Por eso a ellos les dice el dueño de la viña: “¿Por qué estáis aquí todo el día parados?”. Podemos imaginarnos el contexto histórico de esta parábola de Jesús en su actitud de recibir y acoger a los pecadores contra la mentalidad legalista y puritana de los controladores de las leyes de pureza y santidad. Y de la misma manera podemos suponer un contexto eclesial de la comunidad de Mateo, quien quiere explicar a algunos judeocristianos, que la llamada de los paganos y su respuesta generosa les ha situado en el mismo plano de la salvación que a ellos. Todo en la parábola es desconcertante y a la vez original.

La parábola quiere enseñar una única cosa, decisiva: ASÍ ES DIOS CON RESPECTO A LA SALVACIÓN. Todo lo demás no sobra, sino que viene a servir a esta idea que es verdaderamente escandalosa. Este es el Dios de Jesús; este es el mensaje radical del evangelio del reino de los cielos. En la parábola evangélica, los obreros, en plural, que han llegado a última hora, NO TIENEN MÉRITO ALGUNO, PERO SE LES HA DADO LO QUE SIN DUDA NECESITABAN PARA SU FAMILIA Y PARA SUS VIDAS. Es muy posible que no merecieran ese jornal, desde el punto de vista de la justicia simple o productiva, pero desde la bondad de Dios han recibido "GRATUITAMENTE" lo que necesitaban. Así es el Dios de Jesús, así es el Dios de la salvación. Todos los jornaleros pudieron llevar a sus casas el pan de cada día, unos por justicia y otros por generosidad. Pero eso no acontece más que en el Reino de Dios, de la vida, de la salvación, del perdón, de la misericordia, de la solidaridad. He aquí lo contracultural del Dios de Jesús.

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